la banca offshore

oportunidades y riesgos

portada banca offshoreEl término  banca offshore o  extraterritorial, se refiere a un tipo de entidades bancarias, normalmente situadas en paraísos fiscales, las cuales se encuentran reguladas por leyes especiales que les conceden una mayor libertad en sus operaciones, además de un tratamiento fiscal más favorable. Se trata de instituciones dirigidas al cien por cien a captar depósitos e inversiones de personas y empresas no residentes y a las que no tienen acceso los ciudadanos del propio país. 

Hay que destacar que no todas las entidades bancarias situadas en un paraíso fiscal son bancos offshore. También conviven con los mismos bancos normales u onshore, que prestan servicio a los residentes y que no están acogidos a la legislación específica antes mencionada.

Principales ventajas de la banca offshore:

  • Mayor libertad. Menos intervención gubernamental y exención de cumplir con regulaciones sobre el capital como controles de cambio, sobre transacciones exteriores o sobre política de inversiones. Esto implica mayor libertad de movimientos para sus clientes y en muchas ocasiones una reducción de costes que permite el pago de intereses más elevados.
  • Menos impuestos. Los depósitos en cuentas de bancos offshore, así como sus rendimientos, generalmente están libres de cualquier impuesto.
  • Mayor privacidad. Casi siempre están constituidos en territorios con estrictas leyes de secreto bancario y privacidad.
  • Estabilidad financiera y monetaria. La banca offshore se sitúa en centros financieros importantes, con buena estabilidad política y monetaria.
  • Servicios especiales. Algunos bancos extraterritoriales ofrecen productos de los que no disponen sus competidores onshore, como puede ser cuentas numeradas, tarjetas anónimas o inversiones de alto rendimiento.

Inconvenientes de la banca offshore.

Desconfianza de las autoridades e instituciones financieras.
Los bancos situados en paraísos fiscales son relacionados frecuentemente con la evasión de impuestos o con el blanqueo de capitales. Por este motivo las transacciones procedentes o con destino a los mismos suelen disparar las alertas y atraer una mayor inspección de las autoridades tributarias. En ocasiones, aunque no es un caso muy frecuente, algunos bancos offshore pueden estar vetados por organismos como el GAFI (Grupo de Acción Financiera Internacional) o incluso por otros bancos onshore.

Seguro de depósitos.
Algunos países disponen de un seguro gubernamental o un fondo constituido por las propias entidades bancarias, que cubre los depósitos de los clientes hasta una determinada cantidad. Esto protege a los clientes ante una posible insolvencia de su entidad bancaria. En muchos casos, aunque no en todos, la banca offshore se encuentra excluida de estos acuerdos. Es cierto, que este hecho no tiene por qué estar relacionado con la solvencia o el riesgo de una entidad. Los  bancos suizos por ejemplo, que están entre los más solventes del planeta, hasta hace pocos años no estaban respaldados por ningún seguro de depósitos (aunque esto hoy en día ha cambiado), lo que precisamente ha ayudado a que realicen sus operaciones con una mayor prudencia y hayan dispuesto importantes reservas propias.

Mayores gastos de mantenimiento.
Los gastos de administración de una cuenta offshore son por lo general ligeramente más elevados que los de una tradicional. Es frecuente que las entidades cobren una cuota de mantenimiento mensual o trimestral, e incluso en algunos casos un cargo por la apertura o el cierre de la cuenta. El importe varía de banco a banco, aunque lo normal es que el mantenimiento de la cuenta ronde entre 10 y 30 dólares al mes y los gastos de apertura alrededor de 100 o 200 dólares. También es habitual que el banco cargue una pequeña comisión por recibir depósitos en efectivo o transferencias.

Modalidades de banca offshore

Siguiendo la clasificación de entidades bancarias que vimos en el artículo sobre banca extranjera, podemos dividir a la banca offshore en dos grandes grupos.

Bancos minoristas y comerciales. 
Para poder abrir una cuenta en una de estas entidades normalmente se exige un depósito inicial inferior a 10.000 dólares. Lo más habitual son cantidades que oscilan entre 1.000 y 5.000 dólares, aunque también existen numerosos casos en los que no se requiere ningún tipo depósito de apertura mínimo.

Básicamente ofrecen los mismos servicios que cualquier banco de los que pueda encontrar en su país de residencia. Están pensados sobre todo para ser utilizados para el comercio y el ahorro a pequeña escala, aunque suelen ofrecer también algunas posibilidades de inversión. Es muy habitual que operen con cuentas multidivisas (multicurrency accounts), o lo que se denomina "multiple currency accounts" (múltiples cuentas en divisas). En el primer caso se trata de una sola cuenta que acepta ingresos y retiros en diferentes monedas, mientras que en el segundo caso el banco abre varias cuentas al mismo usuario, cada una de las cuales está denominada en una moneda distinta. 

Normalmente no se produce un contacto muy cercano entre el usuario y estos bancos, ya que los servicios que ofrecen son de tipo estándar y se pueden manejar sin problemas a través de Internet. La mayoría de las entidades offshore cuentan con modernos sistemas de banca electrónica, que permiten realizar transacciones desde cualquier parte del mundo. Se trata de aplicaciones muy seguras que incorporan la última tecnología en encriptación o incluso autenticación mediante dispositivos electrónicos generadores de claves como el conocido "digipass".

Banca Privada. 
Son instituciones dirigidas al ahorro y a la inversión de alto nivel y normalmente sólo son accesibles a personas relativamente acaudaladas. Para poder abrir una cuenta en uno de estos bancos, debe depositarse como mínimo alrededor de unos 100.000 dólares. En algunos bancos muy exclusivos, no se aceptan clientes que depositen menos de un millón de dólares. Como es obvio, estas entidades ofrecen un servicio superior y desarrollan un patrón de inversiones personalizado para cada cliente, el cual cuenta con su gestor personal. Ofrecen inversiones de todo tipo, algunas muy exclusivas sólo disponibles para sus mejores clientes.

Apertura de cuentas

El procedimiento de apertura de cuentas en la banca offshore no suele ser muy complicado y generalmente se puede realizar por correo en un plazo que puede variar de manera importante. Dependiendo de la celeridad de las personas o las instituciones con las que se trate, el proceso puede durar desde unos pocos días hasta unos meses.

En cuanto a los documentos requeridos, para las cuentas personales se pide como mínimo una copia certificada del pasaporte y algún documento que acredite el lugar de residencia del titular de la cuenta. Suele bastar un extracto de una tarjeta de crédito u otro banco, un recibo de electricidad, agua o similar.
Numerosos bancos, aunque no todos, solicitan también una carta de referencia de otro banco o una autorización que les permita consultar a dicha entidad sobre la solvencia y honradez del cliente. Una simple carta redactada por su banquero habitual, confirmando que tiene una cuenta con la entidad y que su situación de crédito es correcta, suele ser más que suficiente. En ocasiones también se requiere además una segunda carta de recomendación de un empleador, abogado o cualquier otro profesional con el que se realicen negocios habitualmente.

Para cuentas corporativas, además de los documentos de la sociedad debidamente certificados y apostillados, se requiere también la identificación personal de los accionistas, directores y personas que tengan derecho de firma en la cuenta. Para ello se pedirá para cada uno de ellos los documentos personales anteriormente mencionados. En el caso de las compañías que utilizan a directores o accionistas fiduciarios, el banco también exige la identificación del propietario real o beneficiario económico de la sociedad. 

Para las sociedades offshore que utilicen acciones al portador (bearer shares), el banco exigirá en muchos casos que dichas acciones sean depositadas en custodia en sus propias instalaciones o se aporte un justificante de otro banco o de una institución fiduciaria que confime que las mantiene en su poder, para evitar que se produzca un cambio de propiedad sin que se le notifique. Existen también bancos que por política de empresa no aceptan compañías formadas con acciones al portador. Cada entidad tiene su propia política en cuanto a documentación y requisitos.

Tras los atentados del 11 de septiembre en Nueva York, se tomaron diversas medidas para combatir el blanqueo de dinero y la financiación de redes terroristas. En Estados Unidos se aprobó la polémica ley del patriot act, que supuso un importante recorte de las libertades civiles y de la privacidad de los ciudadanos de aquel país.

Pero también en el resto del mundo, incluyendo a la banca offshore, la presión de los propios Estados Unidos y de organizaciones internacionales como la OCDE y especialmente el GAFI (en inglés FATF), ha hecho que prácticamente todas las instituciones financieras apliquen los principios de kyc o know your customer (conoce a tu cliente) y la due diligence (diligencia debida). Estas políticas básicamente consisten en identificar correctamente a todos los clientes del banco y realizar comprobaciones sobre el origen de los fondos que depositan y los motivos por los que desean abrir una cuenta. 

Cualquier banco respetable, pertenezca a la banca offshore u onshore, realizará la due diligence y el kyc en mayor o menor medida. Normalmente se conformarán con la información que se cumplimente en el formulario de apertura, pero no es infrecuente, especialmente en los casos en los que se depositen cantidades importantes, que el banco solicite documentación adicional que pruebe el origen del dinero (contratos de trabajo, facturas, justificantes de venta de un inmueble, de una herencia, etc.).  Estas informaciones, no obstante, son privadas y están protegidas bajo secreto bancario.

Como conclusión final podemos asegurar que la banca offshore ofrece innumerables oportunidades y ventajas para el inversor, pero también presenta algunos riesgos. Es por ello de suma importancia que se seleccione cuidadosamente la jurisdicción y la propia entidad para abrir una cuenta, escogiendo aquellas instituciones que ofrezcan mayores garantías de solvencia, seguridad y privacidad.

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