Suiza intercambiará información bancaria en 2018

Suiza intercambiará información bancaria de forma automática con al menos 50 países a partir de 2018. Al menos este es el compromiso que han adquirido las Autoridades del país helvético mediante la aprobación de implementar el llamado estándar de intercambio automático de información promovido por la OCDE. Este en principio tenía previsto comenzar su andadura en 2016.

A pesar de las presiones de diferentes países firmantes, Suiza finalmente ha aplazado su compromiso en dos años. Esto de momento es la previsión, ya que deberán aprobarse las leyes que permitan el intercambio automático de información bancaria y que el pueblo suizo decida no llamar a un referendum en contra de dicha decisión.

Si bien este es un anuncio importante, supone en realidad un revés para la OCDE, la cual había anunciado ya en varias ocasiones que el intercambio automático de información bancaria sería un hecho ya en 2016. Es de esperar que muchos de los otros firmantes retrasen su adhesión al proyecto en espera de acontecimientos.

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¿Los bancos offshore están paranoicos?

¿Se están volviendo los bancos offshore paranoicos? Durante los últimos meses, muchos clientes que llevaban años trabajando con sus bancos o brókeres, han recibido repentinamente solicitudes de información sobre su persona o negocio. Esto puede ser cualquier cosa desde la petición de actualizar documentación personal como el pasaporte o una prueba de domicilio, hasta petición de información más profunda sobre el modelo de negocio, requerimientos de proporcionar documentación de soporte para las operaciones bancarias, tales como facturas comerciales, contratos, etc.
Algunos bancos han llegado tan lejos de pedir a determinados clientes que justifiquen con facturas o recibos los montos retirados con tarjeta por el cajero automático.

Por otro lado, quien haya intentado abrir una cuenta de no residente en una jurisdicción offshore o en un centro financiero importante recientemente, posiblemente se haya quedado atónito de la cantidad de documentación e información que piden los bancos. Tanto es así que para cualquier común de los mortales se hace muy difícil superar este proceso, si no es con la ayuda de un intermediario o agente cualificado, que conoce los entresijos de la industria bancaria.
Así, hoy en día es muy común que muchos bancos pidan información exhaustiva sobre la actividad que se va a llevar a cabo, planes de negocio, CV’s de los administradores, pruebas de la identidad y del domicilio, referencias bancarias y/o profesionales, etc.

Resulta cuanto menos paradójico que algunos bancos, inmediatamente después de pregonar los beneficios de la alta privacidad de sus cuentas, someten al “aspirante” a un escrutinio digno de la policía secreta. ¿Cuál es el motivo de todo esto? ¿Se han vuelto locos los bancos? Un poco sí, pero existe una explicación para todo esto y se llama AML (anti-money-laundering) o medidas contra el blanqueo de capitales.

En la última década prácticamente todos los países del mundo, incluidos los paraisos fiscales, han implementado de forma más o menos voluntaria una serie de medidas, que obligan a bancos y otras instituciones financieras (tales como brókeres de bolsa o empresas de transmisión de remesas) a trabajar activamente en la detección y prevención de operaciones de blanqueo de capitales. Estos procesos son de una relativa complejidad, pero básicamente se pueden resumir en los siguientes pasos:

  • Correcta identificación de cada cliente y determinar el llamado “beneficiario económico último” (o sea el propietario REAL) las cuentas.
  • Conocer al cliente (“know your customer”) y su modelo de negocio, así como el origen de los fondos que se depositan en la cuentas, asegurándose que este sea legítimo.
  • Hacer una evaluación del riesgo que presenta el cliente, en función del modelo de negocio (sectores vulnerables para ser usados en el blanqueo, etc.), nacionalidad, lugar de residencia…
  • Monitorear la actividad del cliente para detectar posibles patrones delictivos o “típicos” en operaciones de blanqueo de capitales.
  • Reportar posibles casos “sospechosos” a la autoridad reguladora.

Si bien estas medidas ya existen desde hace tiempo, es durante los últimos años que los reguladores, tales como bancos centrales o unidades de supervisión financiera, han empezado a ejercer una presión extrema sobre grandes bancos y grupos financieros internacionales, con cada vez más frecuentes inspecciones y una política de “tolerancia cero”.

Se añade a esto la introducción continua de medidas y requisitos nuevos que los bancos debe cumplir, lo que está repercutiendo en un mayor coste por parte de las entidades por realizar labores de monitoreo y control contra el blanqueo de capitales. Lógicamente quien acabará pagando por todo esto será el usuario de banca y no es ya un caso aislado que algunas entidades bancarias facturen a no residentes que quieran abrir una cuenta un “compliance fee” de varios cientos de dólares al año. Otros han tomado la decisión de aceptar sólo clientes extranjeros económicamente muy rentables, que les compensen por los costes adicionales.

Aparte de la legítima aspiración de combatir el crimen y evitar el fraude fiscal, al menos en nuestra opinión, son muchas otras motivaciones las que parecen estar detrás de este repentino afán de “apretar las tuercas” al sector financiero. Uno de ellos sin duda es el económico. Los Estados Unidos, que son los más activos en este terreno y se encuentran en la bancarrota más absoluta, han recaudado billones de dólares en sanciones y multas de las grandes entidades bancarias. Casos como el de HSBC, que tuvo que pagar un multimillonaria cantidad por haber blanqueado dinero para los cárteles mexicanos o BNP Paribas que tuvo que pagar una indemnización récord por haberse saltado el embargo de los Estados Unidos contra Irán.

En otros casos resulta evidente que las medidas contra el blanqueo de capitales se usan como un arma política. En entidades con millones de transacciones financieras y cientas de sucursales es relativamente fácil encontrar alguna falla de aplicación de la normativa o algún caso en el que el banco “miró para otro lado”. Por lo tanto hoy día, en el nombre de la lucha contra el lavado de dinero, es posible llevar ante los tribunales o incluso cerrar casi cualquier institución, siempre y cuando no sea demasiado grande como para causar una debacle del sistema. Por lo tanto, resulta tentador usar esta arma contra países que no comulguen con las consignas del mundo occidental.

Pero volviendo al tema que nos ocupaba: muchos grandes bancos actúan además como corresponsales de otras entidades menores, entre las que se encuentran también diferentes bancos offshore, situados en paraísos fiscales. Esto implica la apertura de cuentas de corresponsalía a través de las cuales el banco menor maneja las transacciones de todos sus clientes. Esto produce lógicamente una cierta opacidad de cara al banco principal, ya que este no conocerá a los clientes finales que estén ordenando las transacciones a través del banco menor. En este caso, el banco principal exigirá al banco menor unas garantías de que a su vez está aplicando una correcta política contra el blanqueo de sus capitales a sus clientes.

Ante la mayor presión de los reguladores y la mayor frecuencia de auditorías, aumentaron los casos en los que se detectaron irregularidades en el procedimiento para prevenir el blanqueo y muchas veces las fallas descubiertas estaban relacionadas con cuentas de corresponsalía de bancos menores, que no eran tan estrictos en la aplicación de los compromisos contraídos. Particularmente algunos bancos sitos en paraísos fiscales eran conocidos por sus políticas de “manga ancha”.

La consecuencia directa de esto es que a su vez los bancos principales aumentaron la presión sobre los bancos menores que les usaban como corresponsales. Algunos grandes grupos financieros como por ejemplo el alemán Commerzbank, decidieron directamente cerrar cuentas de corresponsalía a numerosos bancos offshore para evitar los altos riesgos que se derivaban de trabajar para estas entidades. Otros les impusieron medidas contra el blanqueo draconianas, exigiéndoles entre otros que solicitaran a sus clientes documentación de soporte para cualquier transacción sin importar la cuantía de la misma o incluso informar de la cuenta bancaria de la que se iban a recibir los pagos entrantes.

Esto ha producido un estado cuasi-paranoico en los bancos de tamaño menor, ya que viven bajo la permanente amenaza de sus “hermanos mayores corresponsales”, los cuales no dudarán en cerrarles su cuenta de corresponsalía o incluso bloquearlos para cualquier futura transacción en caso de producirse algún incidente de gravedad. Si esta circunstancia se produce, puede además ser difícil para el banco afectado poder abrir nuevas cuentas de corresponsalía, ya que otros bancos no querrán asumir el riesgo de acoger a una entidad que ya tuvo problemas con su corresponsal anterior.

Así ocurrió recientemente con un conocido banco offshore del Caribe, que fue privado de todas sus cuentas de corresponsalía y no fue capaz de abrir otras nuevas en un periodo de varios meses. Si un banco pierde la posibilidad de operar en alguna de las divisas principales a causa de estos problemas o incluso es bloqueado por algunos bancos principales, sus días estarán normalmente contados.

Es por este motivo que muchos bancos offshore de paraísos fiscales (y también otros de segundo orden) han empezado a revisar los expedientes de todos sus clientes tratando no sólo de poner al día toda su documentación, sino también tratar de determinar sin ninguna duda la legitimidad de sus operaciones, a veces incluso con un exceso de celo. Y es así como se explican estas repentinas solicitudes de información: es el miedo por la supervivencia.

¿Cómo enfrentarme a la paranoia de mi banco?

Como nos decían de niños cuando se nos iba a poner una inyección: “resistirse es peor y duele más”. Si negamos al banco la información que nos pide, lo más probable es que no sólo nos cierre nuestra cuenta, sino incluso podría reportarnos a su regulador como “sujeto sospechoso de blanqueo de capitales”, ya que uno de los “indicios” para reportar a un cliente es precisamente “si este presenta una resistencia inusual a facilitar información”.

Debe verse de esta forma: el banco en general lo que trata es de “cubrir el expediente” y que todos los papeles de soporte cuadren con las operaciones efectuadas y que las transacciones tengan un sentido económico o comercial. Al banco no le gusta reportar a sus clientes al regulador y tampoco le gusta perder negocio, pero no arriesgará su licencia por un cliente, no importa lo importante que este sea. Por lo tanto debemos facilitarle al máximo su trabajo y ayudarle a tener el expediente en regla para evitarle problemas a él y a nosotros mismos.

Por lo tanto se aconseja ser “generosos” en lo que a papeles se refiere y en general llevar una buena gobernanza de nuestro negocio y transacciones. Esto implica emitir facturas cuando hagamos una venta y solicitarlas cuando realicemos un pago o firmar contratos con las empresas con las que vayamos a colaborar. Si todo está convenientemente administrado, el banco se conformará con ver nuestros documentos y nos dejará tranquilos. Por el contario, si no somos capaces de documentar nuestras operaciones convenientemente, tenemos lagunas para explicar nuestro modelo de negocio u operamos de manera desordenada, es posible que regrese con más preguntas y nos ponga en un aprieto.

Para aquellos que quieran abrir cuentas nuevas, ya sea personales o corporativas, es muy recomendable contar con la asistencia de un intermediario profesional, que conozca las políticas de cada banco y nos pueda asesorar sobre cómo organizar nuestras transacciones, nos asistirá con la documentación y los cada vez más complejos formularios y nos ayudará a preparar un pequeño plan de negocios para presentar al banco, en caso de que este lo requiera.

Esto es fundamental para evitar no sólo el rechazo de nuestra solicitud, sino también innecesarias molestias adicionales porque el banco tenga que recabar información incompleta o formulada de forma incorrecta o nos acabe reportando erróneamente al regulador. En el negocio bancario, como en todos los demás, existen ciertas líneas rojas que debemos respetar y que el ciudadano de a pie muchas veces desconoce. Y contrariamente a lo que muchos piensan, los bancos offshore situados en paraísos fiscales muchas veces tienen procedimientos se apertura de cuentas bastante más estrictos que los bancos convencionales.

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Encuentra tu idea de negocio

¿Tienen alguna idea de negocio para mí? ¿Cómo puedo ganar dinero en Internet? ¿Cómo obtengo una fuente de ingresos adicional?  ¿Me pueden dar alguna idea de negocio con nula o poca inversión para poner en marcha?

Este tipo de preguntas son recurrentes en nuestro servicio de consultas gratuito, pero lamentablemente nunca hemos sido capaces de contestarlas pues no existen fórmulas o ideas universales que cualquier persona pueda aplicar como una “receta”.

Entendemos la frustración que esto puede causar, ya que muchos de vosotros habéis intentado encontrar oportunidades de teletrabajo o habéis leído ebooks sobre cómo poner en marcha un negocio de Internet. Si bien estos suelen proporcionar información interesante sobre cómo hacer una web, cómo promocionar el negocio y encontrar un “nicho de mercado”, se olvidan de algo fundamental: LA GENERACION DE LA IDEA DE NEGOCIO.

Sin esa idea, toda la información restante resulta inútil, ya que la idea de negocio es la chispa que pone en marcha el motor del emprendimiento.

Sin embargo todo esto cambió hace algunos días, cuando tuvimos noticia de un proyecto que está desarrollando una joven empresa consultora. Un sencillo curso de coaching, entregado a través de email y que tiene una única finalidad: enseñar a generar ideas de negocio. Parece una idea muy simple, pero precisamente en eso consiste su genialidad, porque solventa el paso previo a la puesta en marcha del negocio.

El curso básicamente enseña unos simples métodos mediante los cuales cualquier persona, sin importar su condición, sexo, lugar de residencia, renta o nivel cultural puede generar sus propias ideas de negocio, adaptadas a su persona y sus circunstancias personales.

El curso está organizando en 10 grandes áreas temáticas, que se subdividen en más de 40 ejercicios distintos para desbloquear tu creatividad y que las ideas de negocio empiecen a fluir. Y lo más importante: el curso ayuda a crear la disposición mental adecuada y a abrir los ojos, para poder seguir “fabricando” ideas sin límite en el futuro. Dicho sea de paso, que estas ideas sirven tanto para negocios online como fuera de Internet y muchas de ellas no requerirán ninguna inversión, pues tu mismo fijas tus límites.

Todo el proceso de aprendizaje estará supervisado por un mentor, que intervendrá si es necesario para ayudar al alumno a canalizar sus ideas hacia ideas de negocio provechosas.

Una de las cosas que más nos ha gustado de esta iniciativa, es como se adapta a cada persona, al ser el propio alumno el que genera ideas de acuerdo a sus circunstancias y entorno.

Esto sonaba muy bien y decidimos que teníamos que conseguirlo para nuestros lectores. El problema es que el programa no se ha comercializado y todavía está en fase de validación puesto que la consultora quiere probarlo con un grupo reducido de personas para hacer una evaluación de los resultados.

Esto nos venía como anillo al dedo. El hecho es que conseguimos convencer a la consultora para que nos permitiera ofrecer un número limitado suscripciones para el curso en exclusiva a nuestros lectores, incluso de que el programa salga a la venta y a un precio especial.

El precio de venta estimado que la consultora baraja para comercializar el curso, una vez salga a la venta, está entre 250 y 350 USD, pero hemos conseguido negociar un precio especial de 200 USD (o 150 EUR) para las 100 unidades limitadas que podemos ofrecer.

¡Por lo tanto, te ofrecemos una oportunidad única para cambiar tu vida y obtener la mejor herramienta para iniciar tu propio negocio por una fracción de su precio!

Pero como hemos comentado, tenemos un número de plazas limitado, así que si lo quieres… ¡Corre a reservar tu plaza!

Para ello, escríbenos a traves de nuestro formulario de contacto, seleccionando “otros temas” en el asunto y escribiendo en “La idea está en ti – Lo quiero” en el mensaje, para bloquear tu plaza a precio especial. Te facilitaremos las instrucciones para el pago y tendrás 24 horas para completarlo vía PayPal (consulta otras opciones de pago si no dispones de PayPal).

Las plazas se asignarán por exclusivo orden de recepción del pago y como hemos comentado están limitadas. La primera unidad del curso se enviará por email en las 24 horas siguientes tras la recepción del pago.

¡Aprovecha esta oportunidad única!

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Estándar para el intercambio automático de información fiscal de la OCDE

El estándar para el intercambio automático de información fiscal de la OCDE no es un proyecto inmediato, sino que está previsto que se ponga en marcha a partir del año 2016, pero por su importancia, hemos creído interesante que todos nuestros lectores puedan ya familiarizarse con los cambios que están por venir.

¿Qué es el estándar para el intercambio automático de información fiscal de la OCDE?

Se trata de un acuerdo multilateral de intercambio de información bancaria automática entre todos los países firmantes. Esta modalidad difiere sustancialmente de otros tratados de intercambio de información “caso por caso” o “a demanda” existentes en la actualidad mediante acuerdos bilaterales como convenios de doble imposición entre países o acuerdos puntuales sobre intercambio de datos fiscales (TIEA’s). Estos últimos solamente permiten solicitar información sobre cuentas puntuales sospechosas de ser utilizadas para la evasión fiscal. La nueva iniciativa en cambio, promueve el intercambio de información espontáneo y automático.

Es decir, todos los países firmantes reportarían anualmente sobre TODAS las cuentas abiertas o controladas por ciudadanos de los otros Estados contratantes. La intención es además crear un estándar común, tanto en la recogida de datos, como en su parametrización y transmisión. Lo que se pretende es crear un sistema de reporte que pueda ser fácilmente implementado en nuevos países que se sumen a la iniciativa y reducir el coste y la carga administrativa de entidades financieras y administraciones tributarias en su implementación.

¿Quién promueve este acuerdo?

La iniciativa fue inicialmente propuesta por 5 países europeos, Alemania, Francia, Italia, España y el Reino Unido los cuales tomaron la decisión implementar el sistema de forma unilateral entre ellos, pero el testigo fue inmediatamente recogido por la OCDE la cual logró que se sumaran (hasta ahora) un total de 65 países o regiones autónomas. La idea se inspiró en el “Foreign Account Tax Compliance Act” (FATCA) de Estados Unidos, mediante el cual este país está forzando a instituciones financieras de todo el mundo a revelar información sobre cuentas mantenidas o controladas por ciudadanos o empresas estadounidenses, bajo amenaza de retenerles un impuesto sobre sus inversiones financieras en USA.

FATCA está obligando a una costosa implementación a las entidades financieras y a un gran número de países a realizar cambios en su legislación para permitir esta revelación de datos sobre cuentas controladas or ciudadanos o empresas de USA. La idea de la iniciativa Europea parte por lo tanto de la intención de aprovechar la implementación del FATCA para crear un sistema de intercambio de información propio.

¿Qué países se han adherido hasta ahora a la iniciativa?

La lista exacta de países firmantes es la siguiente:

Unión Europea: Alemania, Austria, Bélgica, Bulgaria, Croacia, Chipre, Rep. Checa, Dinamarca, Eslovaquia, Eslovenia, España, Estonia, Finlandia, Francia, Grecia, Hungría, Irlanda, Italia, Letonia, Lituania, Luxemburgo, Malta, Países Bajos, Polonia, Portugal, Reino Unido, Rumanía y Suecia.

Países Europeos que no son de la UE: Andorra, Islandia, Islas Feroe,  Liechtenstein,  Noruega, Rusia y Suiza.

Países Latinoamericanos: Argentina, Brasil, Chile, Colombia, Costa Rica y México

Resto del mundo: Arabia Saudí, Australia, Canadá, China, Corea del Sur, Estados Unidos, India, Indonesia, Israel, Japón, Malasia, Nueva Zelanda, Singapur , Sudáfrica y Turquía.

Jurisdicciones offshore dependientes del Reino Unido: Anguilla, Bermuda, Islas Caimán, Gibraltar, Guernesey, Jersey, Isla de Man, Montserrat, Turks y Caicos y las Islas Vírgenes Británicas.

¿Quién se sumará a la iniciativa en un futuro cercano?

La lista anterior contempla los países llamados “implementadores tempranos”, es decir, los que van a comenzar con el proyecto piloto. Es de esperar que otros Estados se vayan sumando a la iniciativa tras su puesta en marcha. Algunos incluso lo podrían hacer antes de que entre en vigor.

Los candidatos más inmediatos podrían ser los pocos paraísos fiscales clásicos Europeos que todavía no han firmado, como pueden ser  Mónaco o San Marino, ya que recibirán muchas presiones de la UE como su principal socio comercial. Que países como  Liechtenstein o Suiza ya lo haya hecho parece un indicador claro de una posible evolución futura.

El rumbo que vaya a tomar la iniciativa, dependerá mayoritariamente de su éxito de puesta en marcha en los países que han firmado el acuerdo y los resultados obtenidos. Estos por un lado recaudarán más impuestos pero es indudable que también podrían sufrir una considerable huida de capitales, sin despreciar todo el coste de implementación que costará a las entidades financieras.

Ausencias muy destacables del acuerdo son Hong Kong y todos los países del Golfo (excepto Arabia Saudí). De no integrarse estos últimos en los acuerdos, podría acentuarse todavía más la transferencia de negocio y capital entre Europa-USA y los países emergentes.

Por supuesto ausentes también están todas las jurisdicciones offshore clásicas, excepto las que dependen directamente del Reino Unido. Es previsible que estos países (excepto los que están en Europa o dependen de la UE) traten de aguantar hasta el final y retrasar su adhesión.

¿Qué información se facilitará?

En principio se contemplan todo tipo de ingresos financieros, incluyendo intereses, dividendos, ganancias de contratos de seguros y similares, incrementos de capital procedentes de la venta de activos financieros (acciones, forex, etc.), pero también saldos de cuentas bancarias aunque no produzcan interés.

¿Qué instituciones están obligadas a reportar?

Aquí nuevamente se ha tratado de cubrir el espectro más amplio de entidades, para evitar que las operaciones se desvíen a empresas financieras de segundo nivel. Así deberán reportar no sólo los bancos, sino también otras instituciones como brokers, vehículos de inversión colectiva o algunas compañías de seguros.

¿Qué cuentas serán reportables?

Lo serán tanto las cuentas personales como las corporativas a nombre de empresas u otras instituciones como los trusts o las fundaciones. Las entidades bancarias y financieras deben además implementar procedimientos adicionales para descubrir y reportar al beneficiario económico último de las cuentas (lo que trata combatir el uso de fiduciarios y nominees).

¿Cuál es el calendario de implementación?

La previsión es que todas las cuentas abiertas a partir del 1 de enero de 2016 se manejarán con el nuevo sistema de identificación y transmisión de datos. No obstante, los bancos también deberán reportar y actualizar con los nuevos requerimientos de identificación a las cuentas preexistentes, que se entienden que son aquellas que sigan abiertas en las instituciones de los países firmantes a fecha de 31 de diciembre de 2015.

Esto se hará de forma gradual de la siguiente manera:

La actualización de información de cuentas preexistentes de personas físicas consideradas de alto valor (con depósitos superiores a 1 millón de dólares) deben actualizarse a los estándares de intercambio información hasta el 31 de diciembre de 2016.
La actualización de información de cuentas preexistentes de personas físicas de bajo valor (menos de 1 millón de dólares) y empresas con depósitos superiores a los 250,000 USD deberán actualizarse hasta el 31 de diciembre de 2017.
Las cuentas corporativas pre-existentes con un saldo inferior a 250,000 USD quedan en principio fuera de la obligación de reporte.
El primer intercambio real de información en relación a nuevas cuentas y cuentas pre-existentes de personas físicas de alto valor deberá tendrá lugar a finales de septiembre de 2017, mientras que para las cuentas personales de bajo valor y las cuentas corporativas se comenzará bien en Septiembre de 2017 o en Septiembre de 2018, dependiendo de cuando sean identificadas por las instituciones financieras como “reportables”.

Este calendario lógicamente podría sufrir retrasos por problemas técnicos, como ya está ocurriendo con el FATCA pero básicamente se puede constatar que a partir de finales del año 2015 las reglas de juego podrían cambiar seriamente en un buen número de países. A medida que pasan los meses se hace además cada vez más patente que exisen numerosos problemas técnicos y políticos que irán surgiendo a lo largo del proceso.  ¿Estarían Israel y Arabia Saudí dispuestos a intercambiar información, ya que ambos han firmado el acuerdo? ¿Estaría Rusia dispuesta a colaborar con una Europa o Estados Unidos que promociona sanciones económicas en contra de ella? Muchos problemas para un acuerdo muy complejo. No obstante es innegable que un intercambio de información más o menos extenso y más o menos automático se terminará imponiendo tarde o temprano.

Por ello, quien tenga depósitos significativos en los mencionados estados que no estén siendo declarados, hará bien en re-evaluar la situación. En muchos casos existen opciones de planificación fiscal totalmente legales, que lo seguirán siendo después de la implementación de los citados convenios de intercambio de información.

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Cómo invertir offshore sin salir trasquilado…

¿Cómo comenzar a invertir offshore? ¿O cómo invertir en general? ¿Es todavía posible obtener una rentabilidad adecuada con un riesgo moderado, no necesariamente sólo en paraísos fiscales, sino también en otros lugares? En este artículo vamos a tratar de analizar algunas de las opciones disponibles, sobre todo para aquellos inversores noveles sin conocimientos previos.

1. La inversión doméstica. ¿Una buena idea?

Muchas personas, en algún momento de su vida, ya sea por asegurar su jubilación o supervivencia futura, se plantean realizar algún tipo de inversión. No pocos deciden hacerlo en su propio país de residencia, pues a priori parece la solución más cómoda o sencilla. Adquieren deuda pública, compran valores en bolsa de empresas nacionales que conocen bien y parecen solventes, hacen un depósito a plazo fijo, abren un plan de pensiones…

Los problemas de este tipo de inversiones en general son principalmente dos:

  • El primero, es que aquellos productos que son seguros y estables producen un interés mínimo que ni siquiera llega a compensar el incremento del coste de vida, o sea la inflación. Aquí por supuesto nos referimos a la inflación REAL, no la que los Gobiernos se inventan periódicamente y que amañan intencionadamente bien introduciendo productos en la cesta de precios que no son necesidades básicas (como los viajes turísticos, etc.) o cambiando el peso que estos tienen en el cómputo total de la cesta. De este modo, si la abuelita se queja de que la subida excesiva de los alimentos la están empobreciendo, le podrán decir que esto es básicamente culpa suya, ya que si comiera algo menos y fuera más a menudo de vacaciones a las Islas Seychelles, otro gallo le cantaría. Bromas aparte, lo cierto es que con los intereses de estos productos conservadores ni siquiera se logra conservar el poder adquisitivo.
  • El segundo problema es que realizar todas las inversiones en el propio país, con los tiempos que corren no parece lo más prudente. Atar nuestra suerte a la evolución de un sólo sistema económico y al “buen” criterio de nuestros Gobiernos (o de aquellos que los manejan a su antojo) es no sólo peligroso, sino casi suicida. Tenemos ejemplos de sobra en nuestra historia reciente y no tan reciente. Los Gobiernos han hecho de todo para “robarse” los ahorros de sus ciudadanos en momentos de crisis: desde la confiscación del oro de sus ciudadanos por parte del presidente americano Roosevelt, el corralito Argentino, la “quita” de depósitos (y posterior corralito) en Chipre, la reciente nacionalización de pensiones en Polonia… Lo más grave es que últimamente estas confiscaciones ya no se producen en nombre del bien común (proveer de alimento, asistencia sanitaria y educativa a la población), sino cada vez con mayor frecuencia para cubrir deudas de tipo privado. Esto sin contar otros riesgos sistémicos, como que una situación de inestabilidad política acabe en un caos, una amenaza permanente en muchos lugares de América Latina y que cada vez más también empieza a considerarse en Europa o incluso en Estados Unidos.

Por todo ello, no nos cansaremos de repetirlo, parece una muy buena idea colocar al menos una parte de nuestras inversiones “offshore”, en otros mercados, otras divisas y productos diferentes.

2. La inversión offshore. ¿Cómo invertir? 

Una vez que hemos reconocido los beneficios de diversificar e invertir offshore, la siguiente pregunta obligada es: ¿cómo hago para realizar mis inversiones? Lo ideal, como pasa con la mayoría de las cosas en la vida, es poder hacerlo uno mismo. Con la proliferación de las nuevas tecnologías es cada vez es más frecuente, sobre todo entre los más jóvenes, especializarse en algún tipo de inversión concreta como forex, CFD’s, opciones o compra-venta de acciones, gestionando uno mismo las inversiones a través de algún bróker online. Esto sin duda es una de las mejores alternativas, pero el problema es que tiene una curva de aprendizaje relativamente larga y además requiere un trabajo diario de análisis técnico a la vez que se ha de estar al corriente de cualquier evento externo que pudiera tener repercusión sobre los mercados.

Esto supone un inconveniente que en ocasiones es difícil de superar, especialmente en el caso de personas que no tienen el tiempo suficiente para dedicar al estudio necesario, por tener otras obligaciones como negocios o familias que atender. Otra dificultad es que el rendimiento no es inmediato, ya que no se podrán realizar las inversiones con éxito hasta que no se haya superado la fase de aprendizaje y se tenga el suficiente entrenamiento y una cierta experiencia en operaciones de trading. Por ello a veces se da la paradoja que aquellos que tendrían tiempo suficiente para formarse en las técnicas de trading no disponen del capital necesario para invertir, mientras que a los que disponen del capital a menudo les falta el tiempo.

¿Qué otras alternativas existen entonces?

La contestación es bastante obvia: si no tenemos el tiempo necesario para realizar las inversiones nosotros mismos, podemos encargar a otras personas que las gestionen por nosotros. Típicos ejemplos de esta forma de inversión serían las instituciones de banca privada, cuentas administradas con brokers, ciertos fondos de inversión, etc.

En principio esto parece una buena idea: personas expertas invierten por nosotros para optimizar nuestros recursos y a cambio de una pequeña (o no tan pequeña) comisión, nos desentendemos de la gestión de nuestras inversiones y sólo disfrutamos de los rendimientos. No obstante, lamentablemente en un buen número de ocasiones estas opciones distan de ser tan idílicas como nos las quieren presentar. En primer lugar, se necesita invertir una cantidad sustancial de dinero, típicamente serán siempre más de 100,000 dólares o incluso de 1,000,000 de dólares, en el caso de ciertos servicios de banca privada exclusivos. Se tiende a pensar que con estos requisitos, los bancos pondrán a disposición de sus clientes VIP las cabezas pensantes más brillantes, así como los mejores productos en cuanto a rentabilidad y seguridad.

¿Sería lo lógico, verdad?

No obstante, en muchos casos no sucede así y lo que es lo mejor para el cliente muchas veces no lo es para el banco. Y es que en este tipo de relaciones se producen muchos conflictos de intereses, no sólo entre el propio banco y el cliente, sino también con los propios empleados de los bancos que, como se ha demostrado en multitud de ocasiones, muchas veces persiguen más la optimización de su comisión que el beneficio real del cliente. Una acusación recurrente que se hace a los grandes bancos de inversión es la de guardarse las mejores inversiones para ellos mismos, mientras que a los clientes sólo se les ofrecen las migajas o incluso productos “tóxicos” que el banco está deseando colocar.

Existen multitud de ejemplos al respecto: por ejemplo el caso de las llamadas “participaciones preferentes” en España, donde diversos bancos engañaron a miles de sus clientes para que suscribieran estos productos de alto riesgo que les vendieron como seguros o inversiones garantizadas y que finalmente produjeron pérdidas millonarias, mientras que las Autoridades siguen mirando hacia otro lado.

Otro ejemplo ilustrativo sobre el pensamiento reinante en muchos bancos de inversión nos lo dan las declaraciones del antiguo CEO de Goldman Sachs David Viniar, cuando en la investigación por la colocación de miles hipotecas basura (que recordamos estaban calificadas como inversión de máxima solvencia por las agencias de rating) a sus clientes, fue preguntado por el senador Carl Levin con respecto a comentarios hechos por los propios empleados de Goldman Sachs en unos emails sobre el producto ofertado a sus clientes:

“Menuda mierda de operación”, “Dios, que montón de mierda”. ¿Qué siente usted al leer estos emails?

Viniar: “Creo que es muy desafortunado comentar esto en un email”.

Como se puede ver, Goldman Sachs no parecía albergar ningún sentimiento de culpa por haberse lucrado colocando a sus clientes un producto que ellos mismos consideraban como “una mierda”. Lo único reprochable parecía ser que lo habían puesto por escrito en un email.

Por supuesto no todos los bancos de inversión son iguales y existen algunos muy serios, pero lo que es innegable que siempre existirá un cierto conflicto de interés entre el objetivo del banco y el del cliente y, lógicamente, el banco tratará de cubrir el suyo propio en primer lugar.

¿Qué alternativas quedan entonces?

En nuestra opinión, si no se dispone de la formación y el tiempo para operar directamente en los mercados, lo mejor es auto-confeccionarse una pequeña cartera con productos sencillos de controlar y que no precisan un mantenimiento diario. Esto por ejemplo pueden ser:

  • Depósitos a plazo fijo en países donde el tipo de interés es más alto. Normalmente se harán en divisas principales a no ser que se desee especular con algo más de riesgos, en cuyo caso se usarían divisas locales.
  • Fondos de inversión. Se tratará de seleccionar aquellos que ofrezcan clara información sobre el tipo de valores en los que se invierte y una clasificación de riesgo (fondo conservador, especulativo, etc.). Muchos de ellos además tienen una trayectoria histórica que se puede estudiar fácilmente mediante sencillos gráficos. Usando el sentido común y seleccionando productos de bajo riesgo es perfectamente factible introducir algunos fondos nuestra cartera de inversión. Si se adquieren las participaciones a través de bancos offshore, en muchos casos es posible participar desde cantidades relativamente pequeñas.
  • Deuda pública de países emergentes. Esta sería una inversión de tipo más especulativo ya que comporta algo de riesgo, pero es la única manera de obtener un rendimiento perceptible en productos de deuda.
  • Bonos o acciones de empresas seleccionadas (aquí podemos elegir utilizando el sentido común y teniendo en cuenta el tamaño de la empresa, potencial de sus productos, etc.). Básicamente seguiremos el criterio, cuanto mayor es el interés, más alto será el riesgo. Estos productos son aquellos que suelen ser más difíciles de escoger, por lo que normalmente es aconsejable disponer de alguna información sobre los valores que prometen y aquellos que están obteniendo peores resultado. Suscribirse a algunos foros o clubs de inversores online puede ser de ayuda.
  • Metales preciosos físicos. Como comentado en otros posts de este blog, es una inversión más destinada a conservar que a producir lucro, pero es aconsejable siempre tener un cierto porcentaje de metales en nuestra cartera.
  • Participación en PAMM accounts de Forex. Algunos bróker de forex ofrecen la posibilidad de abrir este tipo de cuentas especiales mediante las cuales un inversor experimentado aplica una estrategia de inversión conjunta a una serie de cuentas asociadas. Las cuentas permanecen segregadas, pero todas operan en conjunto. De las ganancias obtenidas el administrador se quedará con un porcentaje por su gestión. De esta forma no es necesario tener conocimientos de forex para poder participar en este mercado. Las cuentas PAMM son además transparentes por lo que se puede ver el comportamiento de las diferentes cuentas PAMM y acogerse a la que más convenga. Lógicamente esto es una inversión de riesgo, pero este es mucho menor que el que se correría invirtiendo en Forex a título personal si no se tienen los conocimientos suficientes. Por otro lado, el comportamiento de los gestores de cuenta generalmente va a ser honesto, puesto que ellos también estarán invirtiendo sus propios fondos con la misma estrategia y sólo ganan comisiones si obtienen beneficios. Y contaremos con la garantía de un bróker que controla los depósitos.
  • Inversiones en bienes raíces. Todavía existen muchos países en los que es relativamente sencillo ganar dinero con el mercado inmobiliario. Lógicamente se debe tener un cierto conocimiento del mercado local, pero si nos centramos en una zona concreta normalmente no se necesita demasiado tiempo para conocer las condiciones generales y saber reconocer una buena oportunidad. Con un par de socios comerciales confiables como una agencia inmobiliaria local y una empresa de reformas (una pequeña reforma puede disparar el precio de venta de un inmueble de forma importante) se pueden llegar a hacer negocios muy lucrativos, ya sea mediante la venta o el alquiler.
  • Inversiones alternativas como metales raros, recursos naturales, proyectos de financiación de empresas privadas… Aunque en este apartado hay que estar muy alerta para reconocer posibles operaciones fraudulentas.

Como puede verse, existen bastantes alternativas que son relativamente fáciles de valorar por cualquier persona con sentido común y medianamente informada. Quedará entonces sólo fijar nuestra combinación de productos. Esto lo haremos en función al nivel de riesgo que queramos asumir, frente la rentabilidad que deseamos obtener. Según esto variaremos el porcentaje de productos de riesgo en relación a los que consideramos seguros.

Por ejemplo un inversor conservador tendrá una cartera mayoritariamente compuesta por depósitos a plazo fijo, metales o fondos de inversiones y valores de bajo riesgo, mientras que una cartera especulativa puede dirigirse más a Forex, depósitos en divisas locales, bonos de alta rentabilidad, etc.

Todo estará en función de sus objetivos personales. Alguien que desea asegurarse el futuro y el de su familia, estará dispuesto a asumir pocos riesgos, mientras que otro que tenga su futuro asegurado y busque sobre todo rentabilidad, puede invertir de forma más agresiva. Quien tenga poco tiempo para ocuparse de sus inversiones, elegirá productos que no requieran seguimiento (depósitos, fondos), mientras que quien disponga de algo más de tiempo podrá incorporar productos más complejos.

Y como siempre, lo más recomendable es diversificar: no hacer todo en el mismo país, en la misma divisa o en el mismo producto. Y ahora la última pregunta de rigor:

3. ¿Conviene constituir algún tipo de estructura para gestionar nuestras inversiones?

La respuesta una vez más resulta bastante evidente. Fijémonos en cómo se comportan las grandes fortunas. Curiosamente, las personas más ricas tienen sorprendentemente pocas posesiones a su nombre, sino que manejan sus propiedades y sus inversiones a través de un entramado de empresas, fundaciones, etc. Esto no es algo nuevo y ya lo dijo en su día el multimillonario John D. Rockefeller: “own nothing, but control everything” (no poseer nada, pero controlar todo).

Y es que tener cosas a nombre de uno mismo sólo implica riesgos y pérdida de privacidad. Cuantas más propiedades y más recursos económicos tengamos, más gente habrá que querrá hacerse con ellos, existiendo un mayor riesgo de demandas judiciales, divorcios, extorsiones, etc. Por ello es una muy buena idea que nuestras inversiones estén a nombre de algún tipo de entidad o estructura, ya que no sólo nos permitirá gestionarlas discretamente, sino que en la mayoría de los casos también nos aportará protección legal.

Lógicamente, la complejidad de nuestra estructura y su coste deberán ser proporcionados a nuestro nivel de renta y de la envergadura de nuestras inversiones. Así, si somos inversores más modestos, una simple sociedad offshore, de bajo coste y prácticamente nulas obligaciones administrativas, nos dará una protección más que razonable para nuestro nivel de riesgo. Si disponemos de recursos mayores, podemos inclinarnos por una estructura algo más compleja, como un trust o una fundación (normalmente más recomendable para aquellos que viven en países con legislación basada en el derecho civil). Para las grandes fortunas, existen también soluciones más caras y enormemente versátiles como los fondos de inversión familiar o incluso la formación de un banco privado.

Como en todos los aspectos de la vida, en la elección de nuestra estructura va a primar el binomio coste/beneficio. Pero podemos decir que cualquiera que desee invertir internacionalmente de forma medianamente seria, debería al menos contar una pequeña sociedad patrimonial y cuenta bancaria base, con acceso a múltiples divisas y situada en un país sin control de cambios para comenzar a operar. De lo contrario, las restricciones locales van a ser un cinturón que nos va a oprimir demasiado, para poder planificar nuestras inversiones con libertad y seguridad.

Como conclusión podemos decir, que en las inversiones como en la cocina, lo que nos guisemos nosotros con ingredientes naturales de calidad será siempre más provechoso para nuestra salud (financiera en este caso) que aquellos “platos precocinados” que, si bien en la foto parecen muy apetitosos, en realidad no sabemos muy bien lo que contienen. Como sospechamos, muchas veces son materias primas de baja calidad que se aderezan con todo tipo de conservantes y colorantes (¡rating!).

A veces, usar nuestro propio sentido común puede ser un criterio mucho más realista que un dudoso rating triple A de Standard & Poor’s y otras agencias que no dudaron en otorgar esta categoría a Lehman Brothers unos días antes de declarar la quiebra más sonada de la historia o incluso calificar a las hipotecas basura de inversión confiable.

Por lo tanto, “guisémonos” nuestra propia cartera de inversiones. Podrá ser más sencilla o más compleja según nuestros conocimientos, pero seguro que a la larga será más recomendable para nuestra salud económica.

Y para quien necesite una orientación inicial sobre cómo comenzar a invertir offshore, nuestro equipo está a vuestra disposición a través del servicio gratuito de consultas, donde de manera informal os podrán orientar sobre opciones disponibles y dónde encontrarlas.

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