¿Tienen los paraísos fiscales británicos los días contados?

Los paraísos fiscales pertenecientes al Reino Unido previsiblemente se verán sometidos a una creciente presión durante los próximos meses.  Esto al menos parece desprenderse de informaciones publicadas hoy por la prensa británica, la cual revelaba el envío de una carta del Primer Ministro David Camerón a los Gobernadores de las diez dependendencias de ultramar de la Corona Británica, en la cual les instaba a una mayor transparencia. En la carta el máximo mandatario británico declaraba:
“Respeto su derecho a ser juridicciones de baja tributación. Creo apasionadamente en que unos impuestos bajos actúan como motor del crecimiento y prosperidad para todos. Pero una tributación reducida solamente puede ser sostenible si se paga lo que se debe – y si para lograrlo se establecen y aplican las mismas reglas de juego en todo el mundo. No tiene sentido luchar contra la evasión fiscal en un país, si el problema simplemente se desplaza a otro”.

Así mismo, David Cameron animaba a los líderes de los paraísos fiscales británicos, entre los que se encuentran territorios tan significativos como las Islas Vírgenes Británicas, Islas Caimán o Gibraltar, a avanzar hacia una mayor transparencia que permita el acceso a los nombres de los propietarios de las sociedades offshore.
De momento, esta carta es sólo una recomendación, pero es un indicador de cuáles son las intenciones del Gobierno británico que por primera vez en la historia parece decidido a impulsar la transparencia y los intercambios de información. No obstante, para que dicha iniciativa tenga éxito, sería necesario arrancar un compromiso similar a los paraísos fiscales independientes, ya que de lo contrario cualquier cambio legal auspiciado por el Reino Unido sólo tendría como consecuencia la huida de empresas y capitales a otras jurisdicciones. Y un acuerdo global por el que los paraísos fiscales se auto-destruyan por el momento parece harto-improbable.

No obstante no se puede negar que últimamente soplan vientos de cambio en muchas cancillerías europeas, las cuales acucidadas por la crisis económica tratan de aumentar su recaudación. ¿Pero permitirán los grandes lobbies financieros y empresariales un cambio radical de las reglas de juego? ¿O los cambios una vez más se limitarán a los “peces pequeños”, pudiendo mantener los grandes sus privilegios? Es posible que algunas de estas preguntas comiencen a despejarse en la próxima cumbre del G8, donde se espera se presenten las posibles propuestas que traten de impulsar la transparencia en los paraísos fiscales.

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Escándalo sobre paraisos fiscales pierde fuerza

El escándalo sobre paraísos fiscales llamado “offshore leaks”, destapado por un grupo internacional de periodistas de investigación y que se había anunciado como una “bomba informativa sin precedentes” pierde fuerza día tras día. Con la excepción de Jean-Jacques Augier, el ex-tesorero del presidente francés, pocas han sido las figuras realmente relevantes a las cuales se han podido relacionar con paraísos fiscales. En muchos casos, los personajes públicos vinculados con actividades offshore son familiares o personas vinculadas con regímenes poco democráticos y corruptos. Que este tipo de personajes esconden sus fortunas en jurisdicciones offshore o en lugares menos exóticos como USA o el Reino Unido, es algo que todo el mundo sabe y a nadie sorprende. Pese a que el ICIJ, el consorcio que está difundiendo estas informaciones, intenta crear titulares al respecto todos los días, en realidad, no hay mucho más que decir. La mayoría de las novedades publicadas se refieren a informaciones sobre bancos como Deutsche Bank, UBS, o BNP Paribas que habrían ayudado a sus clientes a ocultar capitales en paraísos fiscales. Esto, si bien suena a un gran escándalo, es algo más que sabido desde hace años. ¿O de lo contrario, por qué todas las entidades bancarias de un cierto tamaño iban a tener sucursales en las jurisdicciones offshore? Muchos grandes grupos bancarios además han sido condenados en repetidas ocasiones por facilitar el blanqueo de capitales.  Es evidente que ante los clientes grandes y pudientes muchos bancos miran para otro lado para no estropearse el negocio.

Lo que sí parece haberse confirmado, es cuáles son las agencias de las que proceden los datos robados, pues en las informaciones periodísticas son dos las empresas que se mencionan con frecuencia: Portcullis TrustNet con Sede en Singapur y sucursales en diferentes zonas offshore y Commonwealth Trust Limited de las Islas Vírgenes. La primera de estas agencias trabaja principalmente con clientes asiáticos, de ahí que la mayoría de los nombres conocidos se refieran a políticos y personalidades de dicho continente.

Por todo lo comentado, esperamos que el asunto no de mucho más de sí. No obstante sí puede haber dado un impulso a diferentes iniciativas legales que podrían tomarse en los meses futuros contra los paraísos fiscales, aunque es pronto para saber que efectos reales tendrán estos posibles cambios.

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Offshore leaks: los paraisos fiscales de nuevo en la picota

“Offshore leaks” es el nombre por el que se ha conocido un nuevo escándalo referido a los paraísos fiscales que ha trascendido a la opinión pública en las últimas horas. Trataremos de hacer un resumen breve de los hechos conocidos hasta el momento.

Los hechos:

¿Quién difunde las informaciones?

Se trata del llamado “Consorcio Internacional de Periodistas Investigativos (ICIJ)”, una organización integrada por más de 160 periodistas en 60 países. La finalidad de este consorcio es promocionar grandes investigaciones periodísticas transfronterizas. Para la difusión del material obtenido, este organismo colabora con diferentes cadenas de noticias y periódicos del mundo como: BBC World Service y BBC World TV, the International Herald Tribune, Le Monde (Francia), El Mundo (España), Trouw (Holanda), El Pais (España), Folha de Sao Paulo (Brasl), Le Soir (Belgica), Novaya Gazeta (Rusia), the South China Morning Post (Hong Kong), Stern (Alemania), The Guardian (UK), The Sunday Times (UK), Proceso (Mexico), the Huffington Post (USA), The Age (Australia) y The Sydney Morning Herald (Australia).
¿Qué informaciones sobre paraísos fiscales tiene o ha publicado el consorcio?

Se trata de datos de unas 130,000 personas físicas que utilizan los paraísos fiscales para sus transacciones y 122,000 sociedades offshore relacionadas con las mismas. El material obtenido consta de aproximadamente 2,5 millones de archivos, incluyendo 4 grandes bases de datos, además de cientos de miles de documentos de texto y ficheros pdf. En total unos 260 gigabytes de información. En esta documentación aparecen nombres de personas y empresas de más de 170 países entre los que (además de muchísimos ciudadanos de a pie) figuran nombres prominentes de políticos, empresarios y sus familiares.

¿Quiénes están en los listados?

Algunas figuras destacadas que aparecen en estas bases de datos y que han trascendido hasta ahora, son Jean-Jacques Augier (el tesorero de la campaña electoral y amigo personal del presidente François Hollande), el nuevo primer ministro de Georgia Bidzina Ivanishvili, El presidente de Azerbayán Ilham Aliyev o la hija del ex-dictator de Filipinas Maria Imelda Marcos Manotoc, entre muchos otros. En lo que se refiere a personajes del mundo hispanoparlante, han transcendido los siguientes nombres:

  • Carmen Thyssen-Bornemisza – La baronesa Thyssen, propietaria de una de las mayores colecciones de Arte españolas.
  • Dionisio Garza Medina – Hombre de negocios mexicano propietario del grupo “Alfa” con intereses en la industria alimentaria y telecomunicaciones.
  • José Eliecer Pinto Gutiérrez – General de la Armada Venezolana
  • Tomás Uribe Moreno y Jerónimo Alberto Uribe Moreno – Hijos del ex Presidente de Colombia Alvaro Uribe.

Los datos también involucran a grandes bancos como el suizo UBS o el alemán Deutsche Bank que habrían colaborado activamente en ayudar a sus clientes más pudientes a ocultarse tras estructuras offshore para evitar el pago de impuestos.

¿Como se obtuvieron estos datos?

Según lo que ha informado el consorcio, la investigación se inicia con un disco duro enviado por correo, de forma anónima,  a su redacción. Este disco duro contendría datos sustraidos de dos agencias de servicios offshore, de las cuales no ha trascendido el nombre, posiblemente obtenidos por uno o más empleados de las mismas. La mayoría de las informaciones están relacionadas con la jurisdicción de las Islas Vírgenes Británicas (BVI), por lo que se supone que los datos proceden de dicho pais, aunque por las interrelaciones entre sociedades también se involucran otras jurisdicciones como Singapur.
El trabajo de clasificación fue extremadamente complejo para lo cual se tuvieron que usar medios opticos y electrónicos avanzados para analizar la gran cantidad de documentación disponible y encontrar las transacciones vinculadas a personajes públicos.

Es evidente que el caso offshore leaks pone una vez más en la picota a los paraísos fiscales, siendo un asunto de máxima relevancia y sin precedentes en la historia de las investigaciones periodísticas. Este asunto precisará de un seguimiento detallado, especialmente por las posibles consecuencias que pueda desencadenar, tales como medidas que puedan tomar determinados Gobiernos contra las jurisdicciones offshore, presionados por la opinion pública.

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La obra completa del Dr. W.G. Hill (V)

Resumen de la obra “Banking in Silence”

El Dr. Hill aborda en esta obra el mundo de la banca offshore y el anonimato bancario. Se trata de una obra publicada por primera vez en 1994, por lo que es uno de los “reports” que han quedado más rápidamente obsoletos, dados los enormes cambios que se han producido en las regulaciones internacionales y muy especialmente tras los acuerdos sobre intercambio de información para evitar el blanqueo de capitales y las medidas tomadas tras los atentados del 11-S. Como toda la obra de Hill, contiene reflexiones y recomendaciones intemporales, siempre en desarrollo de los principios de la filosofía PT (Perpetual Tourist), pero cabe distinguir entre éstas y las aportaciones referentes a contactos, direcciones y procedimientos, pues todos ellos acusan, y mucho, el paso del tiempo.

La obra se distribuye en tres partes: “Porqué necesita Vd. Crear su propio secreto bancario”, “Ocultando su dinero” y “Banqueando en el anonimato”. Como en otras ocasiones gran parte de los primeros capítulos están dedicados a llamar la atención sobre las amenazas que se ciernen sobre los PT que intenten ocultar sus activos y cuentas bancaria al Gran Hermano.

Con especial énfasis en Estados Unidos, describe el fin del secreto bancario y las prácticas y sistemas que las autoridades fiscales aplican para ejercer un férreo control sobre sus administrados. En este sentido, advierte de la insaciable sed recaudatoria de las modernas burocracias occidentales y de que esto no va a cambiar en el futuro, por lo que la única salida para el individuo que siente a diario el abuso de poder, sólo es tratar de ocultar sus activos mediante un estricto “secreto bancario casero”. A estos aspectos se dedican los dos primeros capítulos, describiendo los sistemas empleados por la Hacienda norteamericana, el Internal Revenue Service (IRS) y algunos casos ejemplares de abusos cometidos contra contribuyentes.

Podríamos resumir las dos reglas básicas que se recomiendan a lo largo de toda la obra en las ya conocidas máximas de la cultura PT: “low profile” (es decir perfil bajo, pasar inadvertido) y relacionarse siempre con los bancos en la que W G Hill llama “a need to know basis” es decir, dar únicamente la información estrictamente necesaria a cada interlocutor, y ninguna más. Al igual que en la obra PT2, recomienda el uso de efectivo como único medio real de no dejar rastros documentales de las transacciones y movimientos de capital, no sin advertir de las sospechas que actualmente levantan los pagos de cierto importe en efectivo, los cuales pueden llegar a producir el efecto contrario al deseado y llamar demasiado la atención.

Otra recomendación universal es la de ocultar al titular de la cuenta, ya sea mediante un nombre imaginario o mediante una sociedad interpuesta, cuya única finalidad puede ser la de gestionar el capital privado. Cabe decir que en la actualidad, y debido a los estrictos procedimientos que los bancos aplican para conocer al beneficiario final (protocolos KYC, o “know your customer”) no resulta posible abrir y operar cuentas con nombres imaginarios, al igual  que han dejado de existir las cuentas numeradas anónimas.

En lo referente a una forma discreta de diversificación internacional cita los fondos “offshore”, es decir fondos de inversión domiciliados en el extranjero (Luxemburgo, muy popular) con gran libertad para la asignación de activos y no restringidos a mercados nacionales.

En el apartado dedicado al lavado de dinero obviamente no describe en detalle los procedimientos pero no deja de citar al gran padrino que perfeccionó los sistemas  actuales: Meyer Lansky, el mafioso. En este capítulo describe casos como el del Bank of Credit & Commerce, con sonados ejemplos de lavado de dinero procedente de la política, o cómo en Italia los políticos aceptan las “bustarelle”, sobres llenos de efectivo procedente de sobornos que luego son lavados mediante el inflado de herencias y terminan invertidos en el sector de la restauración.

Algunas páginas del libro llegan no obstante a los límites de la paranoia, como cuando se describen las técnicas de D&M (Decepción y desinformación) en donde relata cómo dejar algunas pistas falsas en casa de una hipotética investigación. A pesar de que explica algunos circuitos para mover el dinero,  no refiere las dificultades que ponen los bancos, incluso por ejemplo los de Andorra, cuando de mover el dinero se trata. Depositar cash en bancos: usar las máquinas ATM, cada vez menos bancos  admiten ingresos de cash en efectivo, aún y así sigue sugiriendo el transporte de efectivo personalmente hasta la cuenta offshore como único modo de no dejar rastro electrónico. En otros instrumentos de pago como el cheque de caja  recomienda  dejar en blanco el destinatario si el banco lo permite, al igual que en los cheques de viaje. Así se puede poner después por el usuario, consiguiendo total privacidad.

En relación a la apertura de cuentas bancarias por Internet o a través de una sucursal local de un banco internacional, el Dr. Hill las desaconseja pues dejan demasiados rastros. Recomienda viajar y abrir la cuenta personalmente en el centro offshore elegido, si  es posible, o utilizar a un introductor en caso contrario. En el capítulo 11 da un repaso a las jurisdicciones más asequibles y recomendables para establecer cuentas bancarias, que no se cuentan entre los más conocidos paraísos fiscales, como  la zona franca de Jebel Ali en Dubai, y países como Irlanda, Holanda, Grecia e incluso Francia, que disponen de tratamientos favorables para inversiones extranjeras. Se echa en falta un tratamiento más sistemático y menos anecdótico. Se trata de una obra obsoleta en muchos aspectos, y ello queda muy manifiesto cuando describe la situación en Gibraltar y Hong Kong, y aún mucho más cuando cita a Singapur como un “nuevo paraíso bancario”… ¡En 1994!

Un capítulo que aporta cierto interés es el dedicado a los testamentos y a las modalidades PT del mismo. En efecto, describe el concepto anglosajón del “will” (manifiesto de voluntades) con una interpretación más abierta que el testamento “administrativo” al que estamos acostumbrados. Se plantea el problema de cómo administrar la sucesión sin recurrir a los mecanismos legales precisamente para evitar el impacto fiscal que conlleva usar los procedimientos establecidos. La solución aportada es un documento de últimas voluntades dejado en custodia en un gabinete jurídico offshore de confianza, el cual contactará con los herederos cuando deje de tener pruebas de vivencia del testador.

En la última parte del libro, se trata con detalle el tema del anonimato bancario.  Dedica dos capítulos completos a las tarjetas de débito y crédito anónimas. Y cita el caso de las tarjetas Multibanco de Portugal, y de las tarjetas anónimas de débito prepagadas. En otro capítulo describe el Programa de cuentas de ahorro, ofrecido en aquellos años por la firma Global Consulting Group de Costa Rica, hoy desaparecida, y que consiste en intermediación bancaria y ofrecimiento de  depósitos, al tiempo que se efectuaba un “pooling” de cuentas para ofrecer anonimato a los clientes. También se trata el legendario mito de las libretas de ahorro anónimas de Austria, las famosas Sparbuch, algo desaparecido a partir de las nuevas regulaciones y exigencias a los estados para evitar el blanqueo indiscriminado de dinero.

Finalmente, analiza el uso de estructuras offshore para motivos de anonimato y recomienda su uso sólo para planificación fiscal internacional, es decir para minimizar impuestos legalmente, puesto que para proteger activos individuales pueden hallarse  otras soluciones más simples, aunque las que propone (usar testaferros, etc.) no sean siempre las más recomendables cuando se deben conjugar privacidad y seguridad. Existen desde luego otras obras, entre ellas las publicadas por Adam Starchild, y otros autores recientes que tratan abundantemente el tema de la banca offshore,  lo cual hace que en esta ocasión no podamos recomendar la obra analizada si no es para una lectura nostálgica  como un clásico de este género temático. En la próxima cita, resumiremos el contenido del último gran clásico del Dr. Hill: The Passport Report.

La obra de W.G. Hill es una colaboración externa que agradecemos a Esteve Ridaura.

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El corralito financiero… ¿Una amenaza real?

El término “corralito financiero” se acuño en la Argentina de finales del 2001, cuando el Gobierno de aquel país impuso una serie de restricciones a la libre circulación de capitales con el objetivo de evitar la salida de liquidez del sistema bancario. La situación en aquellos años era complicada en el país sudamericano:  el país tenía una enorme deuda externa, un déficit fiscal importante, una economía en recesión y la desconfianza en el sistema bancario y la moneda local (el peso), crecía cada día…

Lógicamente, con este panorama, cualquiera que tuviera un mínimo capital ahorrado sólo pensaba en dos cosas: sacar el dinero del país o al menos mantener los depósitos en una moneda más estable, como el dólar americano.  Cuando la caída continua de los depósitos empezaba a amenazar al sistema bancario, el Gobierno argentino tomó medidas drásticas. Las más polémicas fueron la prohibición de realizar cualquier transferencia bancaria al extranjero (excepto si la misma era motivada por una operación de comercio exterior) y el establecimiento de un límite para los retiros en efectivo de 250 pesos (entonces equivalentes a 250 USD) semanales.  Se impuso además un férreo control de cambio, que hacía prácticamente imposible la compra de dólares u otras divisas.  De la noche a la mañana, millones de argentinos vieron como sus depósitos quedaban atrapados en el sistema bancario o lo que se denominó entonces “corralito financiero”, haciendo un símil con los así llamados parques infantiles cercados, para que los niños no se escapen. De la misma manera, los ahorros de los argentinos quedaban atrapados en el sistema, pero no para protegerlos precisamente, como en el caso del corralito infantil.

Pero las cosas iban a venir aun peores.  Después del corralito financiero, llegó el así llamado “corralón”,  que consistió en la confiscación de los depósitos a plazo fijo en dólares y su conversión obligatoria a pesos. Esto a pesar de que las autoridades habían asegurado repetidas veces con anterioridad que se respetarían las divisas de los depósitos. No fue así, y cuando un año más tarde finalizó el corralito y el corralón y se devolvieron los depósitos a los ahorradores  (ya cambiados) a pesos, estos ya sólo tenían un tercio del valor inicial, ya que la moneda argentina se había devaluado repetidas veces.

La pregunta del millón es: ¿podría reproducirse un modelo similar en países como Grecia, Italia o España? ¿O incluso en toda la zona Euro? ¿O arrastrar a otras economías que caerían detrás como fichas de dominó? Existen opiniones para todos los gustos.  Mientras algunos expertos, como por ejemplo el norteamericano Paul Krugman ven más que probable, en mayor o menor medida, el establecimiento de corralitos financieros, Gobiernos y responsables políticos repiten una y otra vez que es imposible que esto ocurra. La pregunta es ¿podemos fiarnos de unos políticos que nos mienten de forma repetida, ya sea por desconocimiento, interés político o por “no alarmar” a la opinión pública? Por otro lado, las autoridades también hacen lo que se espera de ellas, ya que si alguien admitiera abiertamente la posibilidad de que se establezca un corralito, cundiría el pánico y finalmente se acabaría provocando justamente lo que se desea evitar. Por tanto, los expertos se podrán equivocar o no, pero podemos estar seguros que los Gobiernos, por responsabilidad o por interés, no nos dirán la verdad.  Cumplirán con su papel preestablecido, al igual que el Director de un banco a punto de quebrar jamás reconocerá que su institución está al borde del abismo, ya que de lo contrario acabaría dándole la estocada final.

Estamos en una disyuntiva: si todos pensamos que va a haber un corralito y tratamos de salvar nuestros depósitos, puede ser que acabemos precisamente provocando uno. Pero si por otro lado no hacemos nada y confiamos en lo que nos dicen, ¿quién nos garantiza que el resto vaya  a hacer lo mismo y que al final no seamos los “tontos” que se queden colgados en el corralito, mientras otros se pusieron a salvo a tiempo?

Creemos que al menos ante una hipotética salida del Euro de algunos países, el riesgo de un corralito (u otras medidas confiscatorias) es real.  La amenaza de una devaluación de las nuevas monedas que sustituirían al EURO y la incertidumbre podrían hacer cundir el pánico y llevar a una retirada de depósitos  masiva, que obligarían a los Gobiernos a tomar algún tipo de medidas restrictivas para evitar el colapso del sistema bancario. Una pequeña muestra de este escenario lo tuvimos hace unos meses, cuando los rumores sobre una posible salida del Euro de Grecia desataron el pánico en este país, retirándose depósitos por valor de 800 millones de Euros en un solo día.  En este caso todavía se trataba de un hecho esporádico, pero si las cosas se concretaran y una situación similar se prolongara en el tiempo, es fácil imaginar que las autoridades no podrán mirar impasibles como el sistema bancario colapsa y tratarán de evitar la fuga de capitales.  El contagio a los siguientes en la fila, podría ser inmediato, especialmente en España, donde los bancos ya de por sí presentan en algunos casos una falta de liquidez más que notable.

Por supuesto, no es seguro que un escenario similar se plantee y el reciente vuelco electoral en Grecia parecen alejar esa amenaza. ¿Pero qué ocurrirá en unos meses, si la situación no mejora y los países que ahora todavía se agarran desesperadamente al Euro ven que no hay visos de una salida del túnel y los estados ricos se ven cada vez más afectados por el desprestigio de la moneda única? ¿Podría exigirse entonces un abandono del Euro por parte de algunos de los países más endeudados? Desde luego no debemos menospreciar esta posibilidad. Si bien desde hace unos meses parece que nadie habla de una posible ruptura del Euro, las primas de riesgo parece que se han relajado y no ha habido rescates masivos, la situación es todo menos halagüeña. Que los Gobiernos y la UE parece que hayan decidido ignorar el problema, no hace que este se solucione. Grecia está tan quebrada como ayer y llegará el día en el cual se tendrá que admitir que no existe ninguna posibilidad de que pueda pagar su deuda.  España no ha recibido el rescate (que por otro lado tampoco podría devolver)  y algunos de sus bancos están en una situación igual de desastrosa que el pasado verano y no existen visos de que la economía vaya a mejorar en un largo tiempo.  El reciente “susto” con la suspensión temporal de la cotización de uno de los mayores grupos financieros del país, Bankia, por estimarse que sus acciones se encontraban sobrevaloradas es un claro indicador que las cosas siguen como estaban.

¿Qué hacer entonces? ¿Apuntarse al sálvese quien pueda colaborando a atizar el pánico? ¿Confiar ciegamente en las autoridades y practicar la política del avestruz?
Al menos en nuestra opinión, creemos que la virtud pueda estar en una solución intermedia. No hace falta llegar al extremo de meter todo el dinero en una bolsa de deportes y salir corriendo al otro lado de la frontera. Pero una sana prudencia, como tener algún dinero invertido en otros países, mercados y divisas desde luego puede llegar a ser un seguro de vida, con los tiempos que corren. De esta manera no cortaremos del todo el oxígeno a un sistema bancario ya de por sí enfermo, pero igualmente defenderemos nuestros intereses y garantizaremos nuestra subsistencia.

Corralito o no, es una estrategia que de todas formas siempre es aconsejable,  ya que como dicen los anglosajones, no es buena idea “poner todos los huevos en la misma cesta”.

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